La policía del pensamiento

En octubre de 1976, el Ministerio del Interior de la Nación a cargo del General Albano Harguindeguy, envía a las gobernaciones un mensaje de carácter “Secreto” y “Muy Urgente”. El radiograma 11267 instaba a los gobernadores a que “impartan instrucciones a organismos pertinentes de esa provincia, a efectos que en toda referencia a la subversión se empleen los términos ‘delincuencia subversiva’ ‘terrorismo’ ‘criminales’ y no utilizar por razones psicológicas obvias, las expresiones de ‘guerrilla’, ‘guerrillero’, u ‘organizaciones armadas’.” El Ministerio del Interior también se encargaba, por aquellos años de plomo, del control cultural: la censura sistemática a la prensa, la vigilancia y prohibición de la producción editorial de toda índole, del cine, de la música… Una enorme, pero invisible, estructura de “intelectuales orgánicos” evaluaban férreamente la producción y circulación de las ideas en todo el país. ¿Qué “razones psicológicas obvias” habrán encontrado estos intelectuales al servicio de la represión, para prohibir la utilización de los términos “guerrilla” o “grupos armados”? Quizás en el plano psicológico del “Plan de aniquilación” de la Junta, se les hacía necesario desdibujar el carácter político de las luchas armadas de los ’70 y profundizar la construcción del enemigo como criminal. En Córdoba, el Ministro de Gobierno puesto por la intervención militar, Coronel Miguel Ángel Marini, solicita a su Secretario de Estado de Seguridad, Juan Ignacio Bas, que tome cartas en el asunto. Este último, en el memorando del 2 de marzo de 1977, comunica a Marini su plan de acción al respecto y entiende que la mejor manera de “imponerlos de la decisión” a los responsables de la prensa, es generar una norma provincial que “prohíba el empleo de dicha terminología (…) fundando a tales fines en la necesidad de llevar paz a los espíritus de nuestros habitantes”. El Coronel Bas argumenta que no debe dejarse este asunto librado a la simple voluntad de los directores de los diarios y las radios ya que “no causaría mayor estrépito”.

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