Nuevo Juicio de Lesa Humanidad en Córdoba / Causa Diedrichs-Herrera

El viernes 19 de junio se realizó la audiencia premilinar convocada por el Tribunal luego de la solicitud de H.I.J.O.S y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas junto a los abogados y las familias querellantes solicitando que se arbitren los medios necesarios para que, respetando la emergencia sanitaria, se pueda dar inicio a la causa Diedrichs/Herrera

En ese marco el Tribunal Oral Federal N1 integrado por el Dr. Julián Falcucci, la Dra. Carolina Prado y el Dr. Jaime Díaz Gavier determinó para el próximo 9 de Septiembre de 2020 como fecha para el comienzo de un nuevo juicio contra el terrorismo de Estado en la provincia.

Este nuevo proceso judicial, es el 12° Juicio de Lesa Humanidad en la Provincia de Córdoba está compuesto por dos causas acumuladas Diedrichs y Herrera. Entre las dos acumulan 43 víctimas de las cuales solo 9 son sobrevivientes, el resto fueron asesinadas o continúan desaparecidas. Los delitos que se juzgan ocurrieron entre marzo y septiembre de 1976. 
 
“DIEDRICHS Luis Gustavo y otros p.ss.aa. Priv. Ilegal de la libertad agravada (art.142 inc. 1), imposición de tortura agravada (art. 144 ter inc.2) y homicidio agravado por placer o codicia” (Expte. FCB 35022001/2011/ TO4) y su acumulada “HERRERA, José Hugo y otros p.ss.aa. (Expte. FCB35021014/2010/TO2).
 
 
Causa Diedrichs: 
Se juzgan tres hechos cometidos entre el 29 de junio al 15 de agosto de 1976 contra 7 víctimas 
 
Causa Herrera:
Se juzga delitos comentidos entre el 26 de marzo al 10 de septiembre de 1976 en perjuicio de 36 víctimas

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MÁS JUICIOS. MÁS DEMOCRACIA

El próximo 9 de septiembre la Justicia Federal estableció como fecha para el inicio del 12vo juicio por delitos de Lesa Humanidad en Córdoba. Se trata de la acumulación de las causas Diedrichs y Herrera, que buscan justicia por lo ocurrido con 43 personas secuestradas en la provincia de Córdoba entre marzo y septiembre de 1976.  Por estos hechos serán juzgados 20 represores, varios más quedan fuera por fallecimiento, esto no es menos que otra consecuencia del paso del tiempo que nos indica que no se puede esperar más para que estos procesos se lleven adelante. Más de 40 años después de ocurridos los hechos tenemos certezas sobre la importancia de juzgar a los responsables para construir un país más justo, en el cual el Estado demuestre que no es posible la continuidad de un modelo de impunidad.

Hoy la pandemia nos obliga a pensarnos y re pensarnos, a buscar nuevas estrategias. Si bien entendemos cada juicio como un proceso reparatorio a nivel social como personal donde lo presencial, el acompañamiento y el abrazo son imprescindibles; también somos herederos de muchas luchas, que hoy nos dicen que hay que seguir, priorizando el cuidado, pero ideando nuevas formas frente a esta actualidad. Eso es lo que aprendimos de las personas que con todos sus dolores a cuestas nunca apostaron a la venganza sino a la construcción social de Justicia. Con una tenacidad que las llevó a enfrentar a todos los poderes (incluidos los más aterradores), a organizarse y hasta apostar a construir política pública.

La coyuntura, atravesada por el covid-19 visibiliza las dificultades que los trabajos por memoria, verdad y justicia sortean para persistir. Más allá de los años transcurridos y de las demoras para la iniciación de los juicios, vivimos tiempos cuya significación cuesta definir. En el aire se percibe una generalizada incertidumbre por los días que vendrán. Quienes asumimos el rol social y político de mantener en vigencia la lucha contra la impunidad nos enfrentamos a la complejidad de una pandemia mundial que deja muchas consecuencias económicas y sociales, y nos desafía a poner en escena y en agenda social la importancia y visibilidad de los juicios de lesa humanidad. Una lucha que puede parecer del pasado pero que sin embargo sigue siendo transversal en la historia de nuestro país. 

Tal vez, ese desafío significa más que nunca la posibilidad de profundizar en las identidades políticas de las víctimas, los proyectos del país que se disputaban, las consecuencias económicas, sociales  y políticas de terrorismo de Estado que aún siguen vigentes, y la educación en Derechos Humanos como política de estado, hoy más que nunca en la escena de los interrogantes, incluso fuera de los espacios formales. Allí radica lo sustancial de los juicios: recuperando las huellas, los testimonios, las marcas sobre un presente, que imprescriptible, lleva en su cuerpo delitos contra toda la humanidad como advertencia de aquello que hizo lo que somos.

Hay 44 años de necesidad de verdad, de saber qué pasó con nuestros familiares, amigos, compañeros, trabajadores, estudiantes, cordobeses; por todos ellos tenemos el compromiso de encontrar nuevas maneras para que no se detengan los procesos de verdad, de memoria y que por lo tanto el Estado genere los mecanismos de acompañamiento, escucha, contención y sobre todo Justicia.

Poder devolverle a cada escuela, facultad, gremio, institución, familia un poco más de estas presencias y qué pasó con ellas, es una deuda pendiente.

Córdoba ha dado sobradas muestras de la importancia de estos procesos, con la presencia sostenida de todos, inclusive antes del 2008 que empezaron los juicios. Con el corolario de la sentencia de la Megacausa al terrorismo de Estado Con miles de personas acompañando en el 2016. 

Con el convencimiento que el juicio es de todas, todos, todes, todxs; esperamos este 9 de septiembre y todas las instancias que sigan hasta lograr justicia por los 30000 pero también por todos nosotros.